Tres palabras fuera de mí
i. Hay cosas que nunca sabrás de mí
Elisa fue la mujer de la que hablaban Los Destellos.
Que me gusta el fuego en la hojarasca, por ejemplo,
Que caminé horas buscando algún rastro de arena en el asfalto,
Que me esforcé por ser una sombra de reojo en tu mundo,
Que traté de armar el cubo que compramos en el centro,
Que soy más hábil desordenando el cubo que compramos en el centro,
Que mentir es una vía para salir del fuego,
Que tengo quemaduras dentro del cuerpo,
Que tengo aún tus llaves y pruebo con una puerta diferente cada día,
Que he contado y son millones de puertas en Lima,
Que no podrás contar conmigo cuando saltes a un precipicio,
Que me imagino bailando a contraluz a diario contigo,
Que escucho documentales a medianoche cuando trato de dormir,
Que me aterra la posibilidad de dormir solo,
Que amo la posibilidad de dormir solo,
Que tomé tu alma en mi ventana,
Que podrás contar conmigo aunque no puedas contar conmigo,
Que cambio mi ropa cada tres horas y media,
Que te envié cartas que nunca leíste,
Que he desprovisto de credibilidad a mi palabra,
Que sentir puede ser cansado,
Que podría sostener tu brazo cuando saltes del precipicio,
Oh, creo que ya he saltado del precipicio.
ii. Hay cosas que nunca podré decirte.
Beethoven escribió para Elisa.
Que pensé en ti diecisiete veces hoy, muchas de ellas escuchando a Charly García. Descubrí que hay mucho más allá de la radio y sus frecuencias. Y en la radió lo descubrí, pero fue regresando del trabajo donde pude escuchar su poesía. No sé si trece o quince años después. Gran descubrimiento.
Mi comportamiento se ha vuelto más errático. Estoy con la idea fija de que puede haber una salida de emergencia donde pueda alcanzarte, pero solo encuentro ascensores. El juego consiste en escoger uno de los diecisiete y seleccionar un piso al azar. Deberíamos escoger el mismo ascensor y escoger el mismo piso. ¿Cuáles son las probabilidades?
Hay probabilidades que superan las estrellas en el universo, pero este no es el caso.
Mi comportamiento es errático. Hay alguna razón por las que todos mis desvíos guían a tu puerta. Debe haber formas más sencillas de ser errante. No encontré alguna que no implique alguna dosis de arrepentimiento.
Nunca podré decirte, por ejemplo, que debería saltar con todas mis fuerzas y esperar la posibilidad de atravesar el piso hasta llegar al centro de la tierra.
Te escribí cuando no lograba seguir.
Mi niña, mis rodillas soportan el escozor del asfalto donde solíamos correr y reír hasta tirarnos en el pasto tal vez es mi penitencia por no saber distinguir entre la espuma y el agua con sal que nos llevó a imaginar la salvación en agonía tienes que disculparme mi niña nunca fui probo más bien fueron mis manos que nos llevaron entre dunas y salares te pediré perdón mil veces y nunca será suficiente debes saber perdonarme solo hasta que llegue a las puertas del cielo entonces podrás decir que mi salvación dependió de mí y fallé.
Mi niña, saber amarte nunca fue un problema amarte nunca fue un problema la sucesión de errores y divergencias son las que cargo en la garganta mientras trato de expulsar alguna especie de espina o costra que se queda en el esófago alguna vez te dije que me gustaba sentir que podíamos tocar el cielo y viajar en el tiempo me imaginaba siendo protagonistas impresionistas alguna vez me contaste que la música con la pintura podrían ser determinantes para salvar al mundo en una invasión de medio oriente aún guardas las cosas que te escribí en el viento?
Mi niña, en este punto decirte que te extraño ya es en vano pues he desprovisto de credibilidad a mi palabra es así como un hombre se vuelve hombre y es así como la hojarasca sufre de combustión espontánea y yo no sé por qué ardí con ellos.
Mi niña, nunca podré decirte que me perdones.
iii. Hay cosas que deberías saber.
Que eres Elisa.
Que como en Ad Astra, debe existir la posibilidad de encontrarnos después de una misión donde encuentre a mi padre buscando vida en otros planetas.
Que yendo de la cama al living debo estar perdido entre las nubes, pero mi corazón no es ciego.
Que soy un hombre tirado en la arcilla. Seiscientos metros más arriba, entre risco y risco, una cuerda tambaleándose.
Que recorrí centros comerciales buscando el perfume que usabas hasta que me di cuenta que yo tengo tu perfume.
Que vi todas las películas que teníamos en una lista para sorprenderte cuando intuya lo que pasará después.
Que memoricé los restaurantes que daban en la recta a tu casa para probar cada uno cuando tenga dinero.
Que como en Manchester By The Sea yo terminé siendo la casa y Lee al mismo tiempo.
Que quisiera convertirme en Paul Auster.
Mi niña,
¿también nos convertiremos en fantasmas?
Ptmr. Lindo.
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